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Comprar el primer reloj suizo suele arrancar al revés: primero se elige la marca y después se busca justificarla. Conviene invertir el orden. Un reloj suizo bien elegido es una pieza que puede acompañarte veinte o treinta años, y la decisión se juega en cinco puntos concretos —para qué lo vas a usar, qué motor lleva adentro, cuánto mide, cuánta agua aguanta y a quién se lo comprás— más que en el logo de la esfera.
Ninguno de esos puntos exige ser experto. Sí exige mirar las especificaciones con criterio y no dejarse llevar por el marketing. Abajo, los cinco consejos que damos en el mostrador de DeMaio, en Puerto Madero, a quien entra buscando su primer reloj suizo y no quiere errarle.
El error más común es enamorarse de un modelo antes de saber para qué lo querés. Y el uso define casi todo lo demás: el tipo de reloj, el tamaño, la correa y hasta el movimiento.
Pensalo en cuatro grandes familias. El reloj de vestir es fino, sobrio, de esfera limpia, pensado para entrar bajo el puño de la camisa: va con traje y con las ocasiones formales. El deportivo o de diario es más robusto y versátil, aguanta el gimnasio y la oficina por igual. El diver, o reloj de buceo, suma bisel giratorio y mucha resistencia al agua, aunque nunca lo metas al mar. Y el reloj de campo o field es simple, legible y resistente, heredero de los relojes militares.
La pregunta útil no es '¿qué marca quiero?', sino '¿qué me voy a poner el 80% de los días?'. Si trabajás en oficina y salís de traje seguido, un reloj de vestir te va a rendir más que un diver de 44 milímetros que no entra bajo la manga. Si tu día es informal y activo, al revés. Una vez que tenés clara la familia, recién ahí mirás marcas: en el segmento de entrada suizo conviven casas como Mido, Hamilton, Longines u Oris, cada una con su carácter, pero todas con relojería suiza de verdad atrás.
Acá está el corazón del reloj, y la diferencia es enorme. Un reloj de cuarzo, alimentado por pila, atrasa o adelanta alrededor de 15 segundos por mes. Un reloj mecánico certificado como cronómetro por el COSC —el instituto oficial suizo— se mueve dentro de un rango de -4 a +6 segundos por día, que puede sumar unos dos minutos al mes. En precisión pura, el cuarzo le gana al mecánico más caro. Y no es una opinión: es cómo funciona cada tecnología.
Entonces, ¿por qué un automático cuesta más? Porque no se trata de precisión. El cuarzo es preciso, económico y casi no pide mantenimiento; le cambiás la pila cada dos o tres años y listo. El movimiento mecánico —ya sea automático, que se carga con el movimiento de la muñeca, o de cuerda manual, que cargás vos a mano— es una obra de ingeniería en miniatura, con decenas de piezas trabajando sin una sola batería. Es un objeto 'vivo', que se aprecia por el oficio artesanal y no por marcar la hora al segundo.
Para un primer reloj suizo no hay respuesta única. Si querés algo práctico, exacto y sin vueltas, el cuarzo es una gran puerta de entrada. Si te tira la mecánica, el ritual de darle cuerda y ver el rotor girar por el fondo de la caja, andá por un automático. Lo importante es que elijas sabiendo qué tenés adentro, no descubriéndolo después.
El número que más se ignora al comprar por primera vez es el más visible: el diámetro de la caja. Un reloj de 44 milímetros que se ve imponente en una foto puede quedar ridículo en una muñeca fina, y uno de 38 puede desaparecer en una muñeca grande.
La guía rápida: para una muñeca de perímetro chico (menos de 16 cm), una caja de entre 36 y 40 milímetros suele caer bien; para una muñeca media (16 a 18 cm), la zona de 40 a 42 milímetros es terreno seguro; de ahí para arriba entran los diámetros más grandes. Pero el diámetro no cuenta la historia completa. Hay dos medidas que definen si el reloj 'entra' de verdad: la distancia entre asas —el largo total de punta a punta, que no debería exceder el ancho de tu muñeca para que las asas no cuelguen por fuera— y el espesor, que determina si el reloj se desliza bajo el puño o lo levanta.
La única prueba que no falla es probártelo. Un reloj se compra en la muñeca, no en la pantalla. Por eso conviene ir al local, medir, apoyar y mirarte al espejo antes de decidir: dos modelos con el mismo diámetro pueden sentarse completamente distinto según el diseño de sus asas.
Este es el dato peor entendido de toda la relojería, y el que más relojes arruina. Los metros grabados en el fondo de la caja no indican a qué profundidad podés bucear: son el resultado de una prueba de presión estática en laboratorio, bajo la norma ISO 22810. La cifra es una referencia de presión, no una licencia de profundidad.
Traducido a la vida real: un reloj de 30 metros (3 ATM) resiste salpicaduras y lluvia, nada más —no lo metas ni a la pileta. Uno de 50 metros (5 ATM) aguanta el lavado de manos y una ducha ocasional, pero no la natación prolongada. Recién a partir de los 100 metros (10 ATM) el reloj está pensado para nadar y hacer snorkel con tranquilidad; muchos relojeros consideran esa marca el mínimo práctico para meterse al agua en serio. Para buceo con equipo hay una norma aparte, la ISO 6425, que exige mucho más y define a los verdaderos relojes diver.
Dos aclaraciones que evitan disgustos. Primero: la prueba se hace con agua quieta, y no simula la presión dinámica de un clavado o del impacto de una ola, así que siempre conviene ir sobrado de metros. Segundo: la resistencia al agua no es para siempre. Las juntas de goma se resecan con los años, y por eso las marcas —Omega, por caso, lo recomienda para sus modelos acuáticos— piden chequear el sellado una vez al año si vas a mojar el reloj seguido.
El último consejo es el que más plata te ahorra a la larga. Un reloj suizo comprado en un representante oficial y uno conseguido en el mercado gris o a un revendedor pueden parecer el mismo objeto, pero no lo son en lo que importa.
Comprando oficial tenés tres cosas que el circuito paralelo no puede garantizar. La garantía internacional de la marca, registrada a tu nombre y válida en cualquier país, no la palabra de un intermediario. La certeza de autenticidad: la falsificación de relojes de lujo es una industria enorme, y la única forma de estar 100% seguro es la cadena oficial. Y el respaldo de service, clave en un reloj mecánico, que necesita mantenimiento por un relojero calificado cada cinco a ocho años, según la marca y el uso, para que los lubricantes internos no se sequen y las piezas no se desgasten. Un service hecho por manos no autorizadas, con repuestos que no son originales, puede valer más que el ahorro inicial.
Un reloj suizo es una compra de largo plazo. La diferencia entre disfrutarlo tranquilo durante décadas o quedar a la deriva ante el primer problema se define en el mostrador donde lo comprás.
Elegir el primer reloj suizo se disfruta más cuando alguien traduce las especificaciones a tu caso concreto. En DeMaio trabajamos como representantes oficiales de las marcas que llevamos, con garantía registrada por la fábrica, taller de service propio y un asesoramiento que arranca por escuchar para qué lo querés y cuánto pensás invertir.
Podés ver, medir y probar distintos modelos —de cuarzo y automáticos, de vestir y deportivos— en nuestro showroom de Macacha Güemes 378, Local 3, Puerto Madero, y salir con la decisión tomada sobre la muñeca. Sin apuro y sin errarle.
Te esperamos para ayudarte a elegir el primero.