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Baselworld, la feria que durante un siglo marcó el pulso de la relojería mundial desde la ciudad suiza de Basilea, no volvió a abrir sus puertas. Su última edición se realizó en marzo de 2019. En su lugar, el calendario de la industria se reordenó alrededor de Watches and Wonders, que entre el 14 y el 20 de abril de 2026 reunió en Ginebra a 66 marcas expositoras y a 60.000 visitantes. La feria más grande del mundo relojero no se mudó: se desarmó, y otra ocupó el vacío.
Este blog guarda el rastro de aquella época. Durante años viajamos a Basilea para ver de primera mano lo que la industria estaba por sacar a la calle, y de esos viajes quedaron publicadas dos notas: la de nuestro paso por BaselWorld 2014, en mayo de aquel año, y el anuncio de nuestro viaje a Basel 2017, en febrero. Son las dos que llegaron a escribirse de una rutina que se repetía cada temporada. Después de 2019 no hubo más viajes a Basilea, porque no hubo más feria. Vale la pena repasar cómo se llegó hasta acá, porque el cambio no fue solo de sede: cambió el modo en que las marcas presentan sus relojes y, con eso, el modo en que llegan a la vitrina de una relojería en Buenos Aires.
La edición 2026 de Watches and Wonders se extendió del 14 al 20 de abril en el Palexpo de Ginebra. Los primeros cuatro días quedaron reservados para profesionales del sector; los tres últimos, del 18 al 20, abrieron al público general.
Las cifras dan la dimensión del traspaso. Sesenta y seis marcas expusieron en el salón, once de ellas por primera vez, entre las que aparecieron nombres de peso como Audemars Piguet, además de Sinn, Corum, Credor, Favre Leuba y March LA.B. Pasaron 60.000 visitantes. Se vendieron 25.000 entradas durante los tres días abiertos al público. Acreditaron 1.750 periodistas y 6.000 minoristas de todo el mundo, y la ciudad registró 50.000 pernoctaciones de hotel asociadas al evento.
El salón, además, ya no alcanza para contener lo que pasa esa semana. Más de doscientas marcas montan presentaciones en Ginebra durante esos días sin estar dentro del predio: hoteles, boutiques, espacios propios. La feria se volvió el centro de gravedad de una semana entera, no un pabellón.
El primer golpe llegó en julio de 2018. Nick Hayek, CEO del Swatch Group, anunció en el diario suizo Neue Zürcher Zeitung que sus marcas dejaban Baselworld a partir de 2019. Se iban dieciocho firmas de una sola vez, entre ellas Omega, Longines, Tissot, Rado, Mido, Hamilton, Breguet y Blancpain. El grupo gastaba más de 50 millones de dólares al año en estar ahí.
Hayek fue explícito sobre el motivo. «No estamos acá para amortizar los edificios caros de Herzog & de Meuron», dijo, en referencia al complejo de Messe Basel inaugurado en 2013, una obra que costó más de 500 millones de dólares y cuyos alquileres recaían sobre los expositores. El comunicado del grupo agregó una lectura de época: con la información circulando de manera instantánea, las ferias anuales tal como existían dejaban de tener sentido.
El segundo portazo fue definitivo. El 14 de abril de 2020, con la edición de ese año ya cancelada por la pandemia, Rolex, Patek Philippe, Chopard, Tudor y Chanel anunciaron en conjunto su salida y la creación de un evento propio en Ginebra, en coordinación con la Fondation de la Haute Horlogerie. Las cinco marcas citaron las decisiones unilaterales de la dirección de Baselworld —entre ellas la postergación de la feria y el manejo de los reembolsos— y su incapacidad para responder a las necesidades de los expositores. En abril de 2021 debutaron en el Palexpo, junto a Watches and Wonders.
Para tomar la medida de la caída conviene mirar el pico. En 2014, Baselworld reunió a unos 1.500 expositores y a 150.000 visitantes. Cinco años más tarde, en su última edición, la asistencia caía 22% interanual.
Lo que vino después fue una sucesión de intentos fallidos. MCH Group, la organizadora, rebautizó la feria como HourUniverse para relanzarla en abril de 2021: se pospuso y nunca se realizó. En junio de ese año recuperó el nombre Baselworld y anunció una edición para 2022, que terminó cancelada en noviembre de 2021, al tiempo que el director de la feria, Michel Loris-Melikoff, dejaba la empresa. Desde entonces no se anunciaron nuevas ediciones. El sitio oficial redirige a la página de MCH.
La historia había empezado el 15 de abril de 1917, cuando la primera Schweizer Mustermesse Basel abrió con 831 expositores de rubros diversos y 6.000 metros cuadrados, con un sector dedicado a relojes y joyas. En 1931 el sector relojero ya era tan grande que pasó a tener su propio pabellón y la muestra adoptó el nombre de Schweizer Uhrenmesse. Recién en 2003 se llamó Baselworld. Ciento dos años de continuidad, dos años de fuga.
La ciudad no quedó fuera del mapa para siempre. MCH Group anunció, junto a Informa Markets Asia, una feria nueva: Basilia Jewellery & Watch Fair, prevista para abril de 2027 en el Hall 2 de Messe Basel, con entre 400 y 500 expositores esperados.
El planteo es distinto al de su antecesora. Basilia pone el eje en la joyería y suma relojes de gama de entrada y media, con la idea de complementar a Ginebra en vez de competirle. «Basilia es una plataforma diseñada en torno al futuro de las industrias de la joyería y la relojería y a sus necesidades cambiantes», explicó Andrea Zappia, CEO interino de MCH Group. Nadie habla de resucitar Baselworld. El nombre quedó enterrado; lo que se recupera es la infraestructura.
Acá está el cambio de fondo, y es el que más se nota desde el mostrador. Ya no existe una fecha única en la que la industria entera muestra sus cartas.
El Swatch Group sigue afuera de Ginebra. Omega, Longines, Hamilton, Mido, Tissot y Rado no exponen en Watches and Wonders: presentan sus novedades por canales propios, a lo largo del año, con eventos y lanzamientos digitales que no dependen de ninguna feria. Buena parte de las marcas que trabajamos en DeMaio se comunica hoy de esa manera.
Otras eligieron el camino inverso. Oris, una de las últimas relojeras suizas verdaderamente independientes —le dedicamos una nota entera a su historia—, montó stand propio en el salón de Ginebra en 2026, con presentaciones en grupos reducidos y hasta una clase de relojería sobre su Calibre 113. La misma marca que en 2013 lanzaba en Basilea hoy lanza en Ginebra.
Y alrededor del salón creció un ecosistema paralelo: salones privados en hoteles de la ciudad y encuentros alternativos que ocupan el espacio dejado por los grandes ausentes. El resultado es un calendario más disperso y una novedad que ya no llega en bloque una vez al año, sino de a goteo.
Más allá de la geografía, la edición 2026 dejó tendencias claras para quien está eligiendo un reloj este año.
Las cajas siguen achicándose. El estándar se corrió a la franja de 36 a 39 milímetros, lejos de los 40 a 43 que dominaban hace unos años. No es un movimiento de nicho: alcanza tanto a los relojes clásicos y de complicación como a los deportivos. A. Lange & Söhne presentó un Saxonia Annual Calendar de 36 mm; Grand Seiko, un buceador por debajo de los 41.
Los materiales dejaron de ser experimento. Fibra de cuarzo forjada, compuestos cerámicos luminiscentes, tántalo de grado aeroespacial, carbono forjado de alta densidad y brazaletes enteramente de cerámica pasaron del laboratorio a la vidriera. En paralelo, volvieron con fuerza los metales preciosos: oro amarillo, Everose, platino, esferas de piedra ornamental y engastes trabajados. Rolex sumó nuevos Oyster Perpetual en metal precioso y una aleación propia bautizada Jubilee Gold.
El archivo manda. Las marcas siguen abriendo sus cajones para reeditar diseños viejos con tecnología actual. El caso más redondo de 2026 vino de Oris: revivió el Star sesenta años después de su debut de 1966, en una caja de forma de 35 milímetros con cristal acrílico, exactamente en el cruce de las dos tendencias anteriores. La misma marca sumó un Artelier Complication con fase lunar a las 12 y segundo huso horario a las 6, movido por el Calibre 782.
A eso se agregan el color, los esqueletados, la búsqueda de perfiles ultrafinos y una apuesta más fuerte por las altas complicaciones.
La foto del mercado ayuda a entender por qué las marcas cuidan cada franco que gastan en ferias.
Según la Federación de la Industria Relojera Suiza, las exportaciones cerraron 2025 en 24.400 millones de francos, un 1,7% menos que en 2024, con 14,6 millones de piezas enviadas al exterior: 740.000 unidades menos, una caída de 4,8% en volumen.
El primer semestre de 2026 mostró un movimiento más interesante que ese saldo. En valor, las exportaciones sumaron 12.800 millones de francos, apenas 0,7% por debajo del año anterior. En unidades, en cambio, crecieron: más de 7 millones de relojes, 162.000 más que en el mismo período de 2025, un alza de 2,3%. Junio fue el mes que dio vuelta la tendencia, con casi 2.400 millones de francos y subas de 11,2% en valor y 11,7% en volumen.
¿Qué traccionó ese volumen? Los relojes mecánicos de precio de exportación inferior a los 500 francos, que treparon 23,8%. Hay más gente comprando mecánica, con tickets más contenidos. Del otro lado, la volatilidad no cede: Estados Unidos se movió con fuertes vaivenes por los aranceles y el conflicto en Medio Oriente desde fines de febrero desestabilizó una región que representa el 10% de las exportaciones suizas y que venía siendo la de mayor potencial de crecimiento.
Que Baselworld ya no exista tiene una consecuencia concreta para quien compra: la novedad ya no baja de un único escenario, una semana al año. Llega repartida, por canales propios de cada marca y en momentos distintos. Enterarse es más fácil y elegir es más difícil, porque hay más ruido y menos jerarquía.
Ahí es donde el representante oficial cambió de rol. Antes hacía de correa de transmisión entre la feria y el cliente. Hoy hace de filtro: qué se lanzó de verdad, qué colección se discontinuó, qué modelo tiene sentido para el uso que vos le vas a dar, qué garantía respalda la pieza y quién la va a atender dentro de diez años.
En DeMaio Joyería representamos oficialmente a las marcas de nuestro catálogo —Omega, Longines, Oris, Mido, Hamilton, Raymond Weil, Luminox y Skagen, entre otras—, con garantía registrada por fábrica y taller de service propio para todo tipo de relojes. Si estás por dar el primer paso, nuestra guía para comprar tu primer reloj suizo ordena las variables antes de entrar a la vidriera.
Lo que ninguna feria ni ninguna pantalla reemplaza sigue siendo lo mismo de siempre: ponerse el reloj en la muñeca, ver cómo cae el brazalete, medir el diámetro contra tu propio hueso. Eso lo podés hacer en nuestro showroom de Macacha Güemes 378, Local 3, Puerto Madero.
Basilea cerró, Ginebra creció, y el reloj se sigue eligiendo de la misma manera: probándolo.